Obra

“Deseo que cada persona que entra a una de mis exposiciones sea al salir una persona diferente”, “Creo que toda persona puede ayudar, no necesariamente donando bienes materiales, sino formando parte del debate, y preocupándose por lo que sucede en el mundo”. Comenta Salgado. 

Estas afirmaciones ilustran en buena mediada la concepción fotográfica del autor.  Según se puede leer en su biografía publicada en la página de UNICEF. “Trabaja sólo en blanco y negro, por los sujetos de sus fotografías, así como su empeño por descubrir el significado más profundo de lo que a ellos le sucede, se plasma en imágenes que son testimonios de la dignidad fundamental de todos los seres humanos sin dejar por ello de denunciar que esa dignidad es violada por la guerra, la pobreza y la injusticia”.

Durante los más de treinta años que lleva recorriendo el mundo con la cámara entre sus manos, siempre ha intentado acercar al mundo Occidental las desigualdades sociales existentes, la vida del campesino en Latinoamérica (Otras Américas); la terrible hambruna africana de 1984–85 (Hambre en el Sahel), y la situación de peones y jornaleros cuyo lugar en la sociedad está siendo rápidamente menoscabado por las cada vez más complejas tecnologías (Trabajadores). Cada uno de estos proyectos de varios años de duración ha dado como resultado la organización y publicación de exposiciones y libros en todo el mundo. La exposición y el libro titulados Un incierto estado de gracia fueron organizados y publicados en 1990.

Sus fotografías no dejan indiferente a nadie, en ellas es posible sentir como la sociedad de este mundo que, dominado por el capital, olvida que existen lugares donde la pobreza, la miseria ó el hambre están acabando con millones de vidas cada año. Un mundo donde todos miramos para otro lado e incluso a veces frivolizamos sobre esta situación. Salgado, intentando no caer en la banalización de este grave problema en favor de obtener una gran instantánea, (como muchos otros han hecho),  persigue la denuncia, es decir, otorga prioridad al tema, al sujeto que se cruza delante de su mirada, convirtiendo a éste en el gran protagonista de su fotografía. Pero es tal su talento que, tras el impacto visual inicial, se puede empezar a contemplar su enorme calidad técnica, así como su cuidada composición.

Si atendemos a la clasificación que ha realizado la web de Terra, donde Salgado a colaborado para la realización de un interesante proyecto, podremos dividir su obra en dos partes. La primera de ellas englobaría tres foto-ensayos, fruto de los viajes realizados durante quince años a través de Latinoamérica y el Sahel.  Salgado define así su libro “Otras Américas”: “Los siete años que pasé tomando estas imágenes fueron como retroceder siete siglos al pasado para observar, para revelar ante mí a un ritmo lento, torpe —que marca el paso del tiempo en esta región— todo el flujo de las distintas culturas, tan similares en sus creencias, pérdidas y sufrimientos. Iba en pos de la universalidad de este mundo aparte, viajando desde las tórridas tierras bajas costeras del nordeste brasileño hasta las montañas de Chile, pasando por Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México”

«Durante 1984 y 1985, Salgado fotografió quienes sufrían la hambruna en el Sahel (África) durante su colaboración con la ONG francesa Médicos sin fronteras. En el curso de sus varias y largas visitas durante quince meses, tomó imágenes dignas, agraciadas y empáticas de aquellos que vivían y morían en el cataclismo, pero también dejó constancia de la actividad de aquellos que trabajaban anónimamente en aquel apocalipsis, los jóvenes médicos, enfermeros e ingenieros civiles voluntarios.» Afirma sobre su trabajo en el Sahel Fred Ritchin.

El último de los tres ensayos versa sobre la vida de los trabajadores en los países que experimentaron el fin de la mano de obra industrial a gran escala, y los problemas sociales que se derivaron de esta revolución industrial.  “Las imágenes servirán para practicar una arqueología visual sobre un tiempo que la historia conoce como la Revolución Industrial; un tiempo en el que el trabajo manual de hombres y mujeres constituía el eje del mundo. Los conceptos de producción y eficacia están cambiando y, con ellos, la naturaleza del trabajo. Este mundo tan industrializado avanza a la carrera tambaleándose hacia su futuro” admite Salgado.

El segundo bloque, que recoge su vida hasta 1999, refleja la transición humana, en donde a través de sus fotografías  se  preocupa por los millones de refugiados, emigrantes y desposeídos.  Cinco son los trabajos recogidos en este apartado bajo el nombre de Éxodos: “Refugiados e inmigrantes” del que salgado comenta “Del mismo modo, cuando la pobreza se hace insoportable, muchos deciden marcharse a las grandes ciudades o, sin son más aventurados, a países ricos y lejanos. A veces, sólo se marchan los hombres. En otras ocasiones, familias enteran arriesgan sus vidas para llegar a regiones cercanas nada familiares. Durante este proceso, causan profundas transformaciones tanto en el tejido social de la región en la que se establecen como en sí mismos;” África a la deriva”, “La lucha por la tierra”, “Mega ciudades” y “Niños”. Es aquí, donde es posible presenciar un salto cualitativo en su fotografía, si bien por otro lado, parecía algo difícil, puesto que ya en sus primeras fotografías contaba con una enorme técnica.

Bajo mi punto de vista, y valiéndome de mis escasos conocimientos fotográficos, el trabajo sobre África  es sin duda, su obra maestra. África ha sido un continente traumatizado por el sufrimiento y la desesperación, su gente aún tienen las cicatrices profundas de la pobreza, el hambre, la corrupción, el despotismo y la guerra. Treinta años después de su primer visita al continente, Salgado encontró que las cosas están en lo general, peor. ¿Qué dicen ante eso otros países? «Hace menos de medio siglo, el mundo podía decir que “no sabía” qué era el holocausto», escribe Sebastião Salgado. «La televisión informó al mundo de las matanzas de Ruanda o de las expulsiones masivas de bosnios, serbios y kosovares casi en directo, pero aún así, los horrores continuaron».

Son muchas las fotos que han invadido millones de portadas de periódicos de todo el mundo, o muchos los fotógrafos que han tenido ocasión de recoger con su cámara el hambre y la miseria. Pues bien, ninguna de esas fotos,  han logrado llegar al nivel de cualquiera de las imágenes que componen la obra que nos ocupa.


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